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En Concepción, Doble Exposición se sitúa en una ciudad donde la reconstrucción ha sido también una forma de proyectar su futuro. Tras los terremotos, la recuperación de edificios y la introducción de nuevas arquitecturas han transformado su centro, definiendo distintas relaciones con lo heredado. La arquitectura moderna y las estructuras que permanecen de etapas anteriores permiten leer esas decisiones: qué se conserva, qué se reemplaza y qué queda pendiente.
El recorrido tiene como núcleo el Teatro Enrique Molina y se extiende, mediante visitas puntuales, hacia otras arquitecturas de Concepción y su entorno. La estructura que espera su recuperación y los edificios en uso ofrecen distintas aproximaciones a la relación entre arquitectura, lugar y tiempo. La ruta pone en contacto las obras presentadas en la exposición con la experiencia directa de espacios y paisajes, incorporando otras escalas desde las cuales observar las transformaciones del territorio.
Durante la Bienal, exposiciones, conferencias, talleres y encuentros se incorporan temporalmente a estos lugares. El teatro recupera por unos días una intensidad de uso vinculada a su vocación colectiva, mientras las visitas amplían la conversación hacia la ciudad. Concepción recibe así el cierre de Doble Exposición en un contexto donde la continuidad de la arquitectura ha dependido, una y otra vez, de las decisiones tomadas sobre lo existente.
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teatro enrique molina
dirección: Víctor Lamas 655, Concepción
sobre esta sede
elección curatorial
El Teatro Enrique Molina conserva una relación con la ciudad que cambió tras el terremoto de 1960 y la posterior demolición del antiguo liceo. Concebido como un espacio interior para las actividades de la comunidad educativa y la vida cultural penquista, quedó expuesto hacia la calle. Sus escaleras, muros y auditorio pasaron a formar parte del paisaje urbano, haciendo visible una arquitectura cuya presencia ha perdurado más allá de su funcionamiento como teatro.Su incorporación a Doble Exposición sitúa la reflexión curatorial en la distancia entre conservar una construcción y dar continuidad a su vida pública. En una ciudad transformada por sucesivas reconstrucciones, el teatro introduce otra temporalidad: la de una estructura que permanece mientras su recuperación continúa pendiente. Su condición permite examinar qué posibilidades de proyecto y de uso existen durante ese intervalo.
El pabellón expositivo, las conferencias y los talleres introducen una ocupación temporal que trabaja con el estado actual del edificio. La Bienal reúne nuevamente a un público en torno a una arquitectura concebida para el encuentro, incorporando una nueva experiencia a su trayectoria. El teatro participa así del argumento de la exposición: su materia se conserva, sus espacios vuelven a ocuparse y su futuro permanece abierto.